Los derivados financieros son instrumentos cuyo valor depende del precio de otro activo subyacente. Este activo subyacente puede ser una acción, un índice bursátil, una materia prima, una divisa, un bono o incluso otro derivado. Es decir, no tienen valor propio, sino que su precio se deriva de otro instrumento financiero.
Los derivados permiten a los inversores cubrir riesgos, especular, apalancarse o diversificar carteras. Pueden negociarse en mercados organizados (derivados estandarizados) o en mercados no organizados o OTC (over the counter).
Principales tipos de derivados
Existen varias clases principales de derivados, cada una con sus características y usos específicos:
➤ Futuros
Son contratos estandarizados que obligan a las partes a comprar o vender un activo en una fecha futura a un precio pactado. Se negocian en mercados organizados (como MEFF o CME).
➤ Opciones
Dan a su comprador el derecho (pero no la obligación) de comprar o vender un activo a un precio determinado antes o en una fecha específica. Se dividen en opciones de compra (call) y opciones de venta (put).
➤ Swaps
Contratos por los cuales dos partes intercambian flujos de caja futuros. Los más comunes son los interest rate swaps (intercambio de tipos de interés) y los currency swaps (intercambio de divisas).
➤ Forwards
Son similares a los futuros, pero no estandarizados ni negociados en mercados organizados. Se pactan directamente entre las partes, lo que implica más riesgo de contraparte.
¿Para qué se utilizan los derivados?
Los derivados se usan con diversos fines:
✔️ Cobertura (hedging): para protegerse frente a movimientos adversos del mercado (por ejemplo, una empresa exportadora usa futuros sobre divisas para protegerse de la depreciación del euro).
✔️ Especulación: para obtener beneficios anticipando movimientos de precios, asumiendo riesgos significativos.
✔️ Arbitraje: para aprovechar diferencias de precios entre mercados relacionados.
✔️ Gestión del riesgo: ajustando la exposición a activos sin tener que comprarlos o venderlos directamente.
Mercados de derivados
Los derivados pueden negociarse en dos entornos distintos:
- Mercados organizados: ofrecen garantías, cámara de compensación y contratos estandarizados (por ejemplo, Euronext, CME, MEFF).
- Mercados OTC (over the counter): contratos personalizados entre partes. Más flexibles pero con mayor riesgo de contraparte.
En España, el mercado oficial de futuros y opciones es MEFF (Mercado Español de Futuros Financieros).
Ventajas de los derivados
✅ Versatilidad: permiten operar con muchos tipos de activos.
✅ Apalancamiento: se puede invertir con poco capital inicial, aunque con más riesgo.
✅ Cobertura de riesgos: ofrecen protección ante eventos adversos.
✅ Eficiencia operativa: permiten replicar estrategias complejas sin necesidad de operar con los activos reales.
Riesgos asociados a los derivados
⚠️ Elevado apalancamiento: amplifica tanto las ganancias como las pérdidas.
⚠️ Riesgo de contraparte: especialmente en mercados no regulados.
⚠️ Complejidad: requieren conocimientos técnicos para ser gestionados adecuadamente.
⚠️ Riesgo de mercado: están expuestos a la volatilidad del activo subyacente.
⚠️ Riesgos regulatorios y operacionales, si no se gestionan con criterios profesionales.
Debido a estos riesgos, muchos derivados son considerados productos financieros complejos, y su comercialización está regulada por la normativa MiFID II.
Ejemplo práctico
Una aerolínea que teme que el precio del petróleo suba en los próximos meses puede comprar futuros sobre crudo. Si el precio efectivamente sube, la aerolínea habrá asegurado un coste de combustible más bajo gracias al derivado, compensando parte del impacto negativo sobre su negocio.
En resumen, los derivados son instrumentos poderosos para gestionar el riesgo y construir estrategias financieras avanzadas. Pero también implican riesgos significativos, especialmente si se utilizan con fines especulativos sin el conocimiento adecuado. Por eso, se consideran herramientas útiles, pero no aptas para todos los perfiles de inversor.